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El desafio del teletrabajo en tiempos de Covid-19

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Llevo veinticinco años teletrabajando a tiempo completo y he visto toda la evolucíon del trabajo remoto. Ni por asomo se ha avanzado como se pensaba al inicio de la web, la evolución del teletrabajo. Por insólito que parezca, mucha gente no teletrabaja simplemente porque no sabe que el teletrabajo existe. No sabe cómo hacerlo o desconoce su potencial y lo más preocupante es que no lo saben muchos empresarios y menos aún gobernantes, que hoy en plena pandemia se limitan a decir que teletrabaje el que pueda. El objetivo de este libro es compartir experiencias y enfoques que he aprendido a lo largo de todos estos años trabajando en forma remota. Dejando en claro que el teletrabajo tiene aspectos positivos y negativos. En enero 2020 surge el Covid-19 y en pocos días tuvimos millones de personas sin poder salir de sus casas y algunas teletrabajando. El coronavirus encontró a miles de empresas que podrían, holgadamente, haber implementado políticas de trabajo remoto pero que no tenían la menor idea de cómo hacerlo y de la noche a la mañana tuvieron que cerrar. La propagación del Coronavirus llegó a todo el mundo y el teletrabajo será la única opción para trabajar de forma segura. Y sin duda la formación será clave para poder hacerlo de manera efectiva.

DIEGO PERÉZ BUSTAMANTE

Libro Mockups

Programador. Creador en 1997 del portal de Elearning Red21.com, en el que se desempeña, desde entonces, como profesor y director de contenido. Teletrabaja a tiempo completo, desde hace veinticinco años, desde Uruguay para más de treinta países. Ha publicado cursos online sobre tecnologías de la información, teletrabajo y gestión. Ha escrito cientos de artículos sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. Consultor de empresas para la implementación de trabajo remoto. Deportista y entrenador de Running.

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PRÓLOGO

Estamos viviendo un momento único en la historia de la humanidad. Nunca antes todos los habitantes del planeta tuvimos un mismo problema, fuimos conscientes del mismo y a su vez compartimos el riesgo de contraer la misma enfermedad e incluso correr peligro de vida. Las grandes guerras, de los siglos pasados, fueron realmente trágicas pero millones las miraron desde lejos. El hambre ha sido una maldición por siglos pero también muchos solo se han enterado de ella a través de libros de historia. El virus Covid-19 nos encuentra a todos dentro de un mismo problema y desnuda nuestras limitaciones y también algunas fortalezas. De la noche a la mañana somos protagonistas de una historia que parece salida de una distopica novela futurista. Ir hasta el almacén a comprar comida o a pasear el perro, algo tan trivial, es toda una aventura en la cual debemos medir nuestros movimientos cuidando distancias y realizando, al regresar a casa, todo un ritual de higiene.

Cuando escribo estas lineas 3.000 millones de personas están confinadas en sus casas, tratando de detener la propagación del coronavirus. Tan solo dos meses atrás, los presidentes de los principales países del mundo, decían que estaban capacitados para enfrentar la epidemia sin ningún tipo de inconveniente. En esas fechas ya habían confinadas cien millones de personas en China y comenzaban a aparecer los primeros casos en todo el mundo.

Nunca en tan poco tiempo, nuestro comportamiento ha cambiado tanto. Y dentro de ese cambio hay tres cosas que se han dicho repetidamente: mantener distancia social, aislamiento y el que pueda que teletrabaje.

El libro, antes de la edición, lo tenía terminado a mediados de diciembre de 2019, pocos días después en enero 2020 surge el nuevo coronavirus y en pocos días tuvimos millones de personas sin poder salir de su casa y trabajando en su casa como sea (no solo a través de Internet).

Todas las recomendaciones de políticas de teletrabajo establecidas por las más variadas legislaciones enfatizaban que la opción de teletrabajar debía ser voluntaria. Se olvidaron de agregar, salvo por razones de fuerza mayor como puede ser la aparición de un nuevo virus.

El coronavirus encontró a miles de empresas que podrían, holgadamente, haber implementado políticas de trabajo remoto sin tener la menor idea de cómo hacerlo y de la noche a la mañana tuvieron que cerrar como sucedió con fábricas absolutamente robotizadas pero que necesitaban a sus empleados en la empresa para manejar maquinas que las podrían haber manejado desde sus casas.

Cuando los gobiernos enviaron a la población a trabajar desde la casa, la gente solo disponía de un teléfono con la memoria casi completa. La evolución del Coronavirus derivo en una pandemia y el teletrabajo es, en muchas partes, la única opción para trabajar. Y sin duda más de uno dirá por qué no lo hicimos antes.

¿Por qué?

En 1991 surge la web, muchos años antes había aparecido Internet, pero la WWW implicó una revolución de contenido y acceso a la información como nunca antes había sucedido en la historia: las noticias, los deportes, los chats, los buscadores de información, la exposición online de la vida diaria, etc, pasaron a ser el día a día de nuestra vida. Pero aun así Internet desde 1995 al 2008 aproximadamente, era usada por pocos, más que nada por el costo de la conexión de la época. La aparición de la conexión de banda ancha permanente y accesible, dio el salto que posibilitó su uso masivo. A la par, alrededor del 2010 surgieron o despegaron las redes sociales y en poco tiempo ya estábamos todos compartiendo todo tipo de momentos en Internet: niños, adolescentes y adultos tuvieron y tienen su lugar en la red a través de las redes sociales. Y desde entonces, todos hemos estado discutiendo en los más variados tipos de sitios como Facebook, Instagram, twitter. etc. También nos hemos acostumbrado a hacer todo tipo de reservas online como viajes, hoteles y hasta sofás en casas que nos reciban como huéspedes. Y desde múltiples aplicaciones podemos pedir comida o los más variados tipos de transporte, aprender online o enseñar, etc., todo desde nuestro teléfono o computadora. Y ni hablar de conocer gente con los más variados fines.

Recuerdo cuando por el año 1998 se filmó el primer casamiento por Internet en vivo y fue una novedad a nivel mundial. Hoy sería algo absolutamente irrelevante. Y también está todo el entretenimiento que va desde juegos como el viejo Tetris hasta sofisticados juegos 3D accesibles desde cualquier móvil. Hoy buena parte de nuestra vida pasa por Internet y por eso es que vemos a diario a mucha gente de todas las edades pegada a su teléfono móvil ya que en la comunicación es donde Internet ha logrado romper todas las barreras y fronteras. Estando frente a una pantalla jugando, divirtiéndonos o emocionándonos por comunicarnos con seres queridos, etc., podemos afirmar que tele-vivimos o vivimos a distancia. Y por supuesto que inmersos en semejante entorno omnipresente de tecnología que posibilita casi todo lo imaginable, todos teletrabajamos o trabajamos a distancia.

No, no es así. Muy pocos teletrabajan. ¿Por qué si tele-vivimos no teletrabajabamos? ¿Por qué si hacemos absolutamente casi todo a través de la red, no se teletrabaja de la misma forma o con la misma intensidad? Y no me refiero a trabajar unas horas por semana en casa, me refiero a que el teletrabajo sea tu principal fuente de ingreso. Porque aún hoy que todos estamos obligados a estar en casa, solo teletrabaja un porcentaje reducido de la población.

En los próximos capítulos explicaré con detalle por qué ha sucedido esto. Llevo veinticinco años teletrabajando a tiempo completo (todos los días de la semana un mínimo de seis horas y un máximo de dieciocho horas por día) y he visto toda la evolución del trabajo remoto. Ni por asomo se ha avanzado lo que se pensaba al inicio de la web, lo que iba a ser la evolución del teletrabajo. Una explicación muy simplificada es que si bien Internet tiene veintinueve años, su uso masivo tendrá diez o doce en la mayoría de los países y dentro de este uso masivo un gran porcentaje de personas solo sabe utilizar las redes sociales o aplicaciones de comunicación.

Y por insólito que parezca mucha gente no teletrabaja simplemente porque no sabe que el teletrabajo existe, no sabe cómo hacerlo o desconoce su potencial y lo más preocupante es que no lo saben muchos empresarios y menos aún gobernantes, que ante la situación actual de pandemia, se limitan a decir que practique teletrabajo el que pueda. Así que si no sabes cómo trabajar en forma remota no te preocupes, casi nadie lo sabe y por lo menos tienes la intención de informarte y aprender sobre el tema, paso imprescindible para poder comenzar a teletrabajar de forma efectiva.

Hubo todo un optimismo inicial, por el año 2000, respecto a que todos íbamos a teletrabajar y se crearon hasta asociaciones de teletrabajadores locales por país pensando que cada país iba a tener agrupados o agremiados a sus teletrabajadores. También se crearon muchos sitios web específicos sobre el tema. Tanto las asociaciones como los sitios web contenían mucha información valiosa. Con la idea de realizar este libro fui a la búsqueda de los mismos y me llevé la sorpresa de que no quedaba ninguno. La constante fue "Sitio no encontrado". Valiosos sitios con cientos de artículos, miles de horas de conferencias, portales de teletrabajo, etc., desaparecieron.

Por otra parte el uso creciente de teléfonos en vez de computadoras enfocó el uso hacia determinadas aplicaciones donde el entretenimiento o las redes sociales dominan la escena. Las pequeñas pantallas de teléfonos y tablets obligaron a los generadores de contenido a colocar información simplificada de tal forma que los sitios actuales de teletrabajo o de trabajo remoto caen en la tendencia que cubre casi todo Internet: artículos breves creados, cuando no, como una excusa para colocar publicidad, más que para aportar algo de contenido valioso.

No es la intención de este libro ser un evangelizador del teletrabajo, el objetivo es compartir experiencias y enfoques que he aprendido a lo largo de todos estos años teletrabajando, dejando en claro desde estas primeras líneas que el teletrabajo tiene muchos aspectos positivos y negativos.

Para el tiempo que ha pasado los gobiernos, en general, no han hecho mucho mas que promulgar leyes que muchas veces se parecen a declaraciones de intenciones más que a reglamentaciones que resuelvan problemas concretos. Y los empresarios han tenido distinta suerte según el rubro a que se dediquen pero el común denominador ha sido la falta de formación en trabajadores y gerentes lo cual ha impedido llevar a cabo una estrategia de teletrabajo medianamente exitosa para la mayoría de las empresas. El trabajo remoto ha avanzado mucho desde la iniciativa de freelancers o autónomos que ofrecen sus servicios en Internet. La escena del teletrabajo siempre ha estado dominada por la iniciativa individual de trabajadores autónomos o pequeñas empresas que son los que han obtenido mejores resultados.

A lo largo del libro se incluyen testimonios de teletrabajadores que han tenido experiencias positivas y negativas. Los nombres y algunos lugares mencionados en los testimonios han sido cambiados para mantener la privacidad de quienes compartieron sus experiencias.

En lo personal prefiero el teletrabajo cien veces antes que el trabajo presencial, pero es mi elección y por ella he caído en algún momento en algunas de las trampas del trabajo remoto como el exceso de trabajo o la ansiedad. De estas trampas salí al recordar lo que era ir a una oficina, el tiempo que demoraba en llegar y la contaminación que causaba o veía.

Llegamos a un momento único, no solo por la pandemia sino porque lo más arriesgado es no hacer nada. Está bien que estemos en casa pero no debemos dejar de aprender, imaginar nuestro futuro y trabajar.